
El tiempo era relativo y cruel en su vida. Cuando estaba con ella huía con descaro y risa burlona, pero cuando se alejaba se detenía sin compasión.
Desde que sus miradas furtivas se cruzaron, no dejó de perseguirla. La buscaba en cada rincón de la ciudad con ansia y desesperación, tanta que dolía. Quería tenerla cerca cada minuto, que no hubiera instante en el que no sintiera su aliento, que fuera suya solo suya.
Intentó volverla dócil, que fuera una chica especial en una vida normal. Que sus alas no volaran demasiado alto por si perdía en el horizonte y no lo podía alcanzar. Que viviera atada a un mundo sin más sueños que estar a su lado.
Pero su mayor error fue cercar demasiado a la fiera. Las fieras no entienden de cadenas ni de jaulas. No se pueden domar por mucho lazo que se les eche. Su raza antes o después acaba aflorando y embiste con fuerza y sin miramiento.
No vio las señales o no las quiso entender. Ella necesitaba respirar y se estaba ahogando. Despertar en el desierto era más refrescante que la mejor de las fuentes.
Él se moría de ganas de estar con ella, y ella se moría de ganas de rugir libre. Él quiso ser jinete y ella no quería dueño.
Ella dejó a la bestia salir, cogió impulso y no miró atrás cogiendo un camino que a él le pareció el peor de los precipicios.
Gracias por dejarme besarte con letras.
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Antes de que los primeros rayos de sol iluminaran el dormitorio, Pièrre ya había preparado el desayuno de forma minuciosa. Era un hombre detallista pero esta vez quería que ese día fuera aún más espectacular.
Dejó un ramo de rosas blancas en el centro de la mesa, el mismo que llevaba trayendo a Carla semana tras semana durante los últimos veinte años. Cerró los ojos intentan ...
Son las cinco de la mañana, no puedo dormir más. Las voces resuenan en mi cabeza, creo que va a estallar o peor aún, me la acabaré arrancando. Se ha escuchado un ruido en la casa del vecino, siempre igual. Algún día tendré que dejarle las cosas claras, están prohibidos los ruidos, y mucho más los gemidos.
¿Quién se cree para follar de madrugada?
El dolo ...
Dime que no y ya habrás encendido una llama que no podrás apagar.
Dime que no soy capaz y solo estarás echando gasolina para explotar.
Puedes llamarme loca, pero creo muy fielmente que se han abierto más puertas con un no que con un sí. Por eso te lo pido con todas mis fuerzas, dime que no.
Cuando eres capaz
Se puede denominar “callarle la boca a alguien”, “dar un zas” o co ...