Las fieras no entienden de cadenas

las fieras no entienden de cadenas

El tiempo era relativo y cruel en su vida. Cuando estaba con ella huía con descaro y risa burlona, pero cuando se alejaba se detenía sin compasión.

Desde que sus miradas furtivas se cruzaron, no dejó de perseguirla. La buscaba en cada rincón de la ciudad con ansia y desesperación, tanta que dolía. Quería tenerla cerca cada minuto, que no hubiera instante en el que no sintiera su aliento, que fuera suya solo suya.

Intentó volverla dócil, que fuera una chica especial en una vida normal. Que sus alas no volaran demasiado alto por si perdía en el horizonte y no lo podía alcanzar. Que viviera atada a un mundo sin más sueños que estar a su lado.

Pero su mayor error fue cercar demasiado a la fiera. Las fieras no entienden de cadenas ni de jaulas. No se pueden domar por mucho lazo que se les eche. Su raza antes o después acaba aflorando y embiste con fuerza y sin miramiento.

No vio las señales o no las quiso entender. Ella necesitaba respirar y se estaba ahogando. Despertar en el desierto era más refrescante que la mejor de las fuentes.

Él se moría de ganas de estar con ella, y ella se moría de ganas de rugir libre. Él quiso ser jinete y ella no quería dueño.

Ella dejó a la bestia salir, cogió impulso y no miró atrás cogiendo un camino que a él le pareció el peor de los precipicios.

Gracias por dejarme besarte con letras.

Puedes conocer otros de mis relatos aquí. También me gusta reflexionar y hablar de libros 🙂

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