Ríete con tus miedos

¿Por qué te propongo la frase «Ríete con tus miedos»? Creo que esta idea a la que intento abrazarme cada vez que me paralizo delante del precipicio puede ser también tu gran aliada. Déjame que te cuente mi historia y al final en comentarios, espero tu respuesta 🙂

Cuando lancé el podcast me dije que en la segunda temporada me atrevería a pedir entrevistas. La excusa que me ponía era que para entonces mi proyecto habría crecido lo suficiente como para no parecer una flipada que se cree que puede llamar a la puerta de gente increíble y conseguir su valioso tiempo.

Afortunadamente tengo una virtud que, a veces no lo es tanto pero me voy a quedar ahora con su parte bonita, soy fuego. Y cuando se me calientan las venas por muy cagada que esté, salto.

Por eso no esperé a la segunda temporada, cerré los ojos, bueno, eso lo hice después, y le escribí a Mónica Gutierrez, escritora de feel good. Mientras esperaba su respuesta, las manos me sudaban y el corazón me iba a mil. <<¿Qué pensaría ella de mi propuesta?, ¿sonaría ridícula?, ¿le parecería buena idea?>>.

Es increíble cómo nos colocamos unas cadenas muy pesadas por miedos que, en la mayoría de veces, solo se materializan en nuestra mente. 

Cuando leí su respuesta, no pude evitar saltar y gritar. Sí, una reacción más que habitual en mí cuando me emociono tanto que no soy capaz de canalizar todo ese torbellino que se genera en mi cuerpo. Así que en el episodio 7 tuve el placer de charlar con ella. ¡Y menudo gustazo!

Ríete con tus miedos

Quizás estás pensado: «Bea, hija, pues tampoco ha sido para tanto». Espera, espera que no se queda ahí la cosa.

Reconozco que antes de que ella se conectase a nuestra reunión online, hubo momentos en los que pensé que ojalá me escribiera para posponerla y todo, de nuevo, por miedo. ¡Menos mal que no lo hizo!

Tuve la suerte de estrenarme con una persona tan generosa y bonita como Mónica. El batiburrillo de nervios e inseguridad con el que comencé la entrevista se fue disipando poco a poco gracias a su naturalidad y sonrisa.

Cada una de las charlas que he grabado para el podcast ha supuesto un reto. Estoy profundamente agradecida a esas mujeres que, sin saberlo, me han ayudado a ser mejor escritora y comunicadora. Pero también, estoy muy agradecida a mí misma de abrazar esa frase «ríete con tus miedos» y atreverme a crear ese espacio que me moría de ganas por tener.

Un camino sin fin

Cuando superas un reto u obstáculo consigues crear un referente con el que apoyarte. Yo siempre intento acordarme en estas situaciones de mi progreso con el running. Cuando comencé a correr no era capaz de aguantar ni cinco minutos seguidos, después de unos cuantos años, he conseguido terminar más de diez medias maratones.

En esos momentos en los que sentía que no podía más, recordaba que ya lo había conquistado antes, que sí era capaz, solo tenía que abrazar el miedo, reírme con él.

Cuando le añadimos humor a una situación, su dramatismo se reduce y esa montaña que parecía inmanejable se convierte en una pelota más sencilla de controlar.

Está claro que el miedo no se va a ir nunca de nuestro lado, pero lo podemos convertir en un colega de vida. Y de ahí mi frase amuleto: ríete con tus miedos.

Porque si eres capaz de reírte con ellos y de dar el paso a pesar de que te tiemble el alma, habrás sembrado una semilla para el futuro. No olvidemos que este camino no tiene fin y, que después de superar un miedo, seguramente aparezcan otros.

Grita conmigo: Ríete con tus miedos

Aunque ya he grabado más de diez entrevistas, me sigo poniendo nerviosa, especialmente con las mujeres con las que siento una conexión más profunda, aunque ellas no lo sepan. O cuando mi fuego está bajito y ya me auguro que me van a decir un no tras otro.

El otro día Charuca abrió una sala en Club House en la que se le podía formular cualquier pregunta. Me encanta su forma de transmitir, el tono y el color de su discurso, y cómo no, su seguridad.

Por eso mi pregunta no podía ser otra: ¿Cómo pedir una entrevista a alguien que te encanta y no morir de vergüenza?

Ella me lo dijo claro: «Hazlo a pesar del miedo, escribe un mensaje en el que demuestres que conoces el trabajo de esa persona y por qué quieres contar con su tiempo y por supuesto, no dejes de insistir».

A esto yo le añadiría: ríete con tus miedos. Y si no fíjate en algunos de mis «tierra trágame» convertidos en anécdotas para recordar. Siempre he sentido que mi valía venía por mis calificaciones escolares, por los logros profesionales.

Y que si dejaba que mi vena romántica, payasa o más sensible hiciera acto de presencia daría una imagen de poco feminista o inteligente.

Esto que ahora me parece una tontería, me ha paralizado durante más tiempo del que me hubiera gustado, pero ahora siento que gracias a transitar esos miedos, reírme con ellos y demostrarme a mí misma que ya soy valiosa solo con ser, me permite poder entregar al mundo mi verdadero yo.

Esa esencia que no pretende encajar, ni sorprender, ni recibir una lluvia de halagos. He aprendido que compartir desde el corazón, mostrar mi vulnerabilidad y no cegarme por ser perfecta; puede aportar, aunque sea una mínima gota de amor y luz al mundo.

Y para llegar a ese punto de conexión una de las cosas que mejor me ha funcionado ha sido precisamente esto que te cuento, reírme con mis miedos.

¿Te animas a intentarlo?

He creado la etiqueta #ríetecontusmiedos (no te olvides de la tilde). Con ella quiero compartir en Instagram esas reflexiones y momentos en los que me siento junto a ellos y dejo que sea el humor quien guíe nuestra charla. Si te apetece, puedes compartir los tuyos también con esa etiqueta.

Me encantaría leerte, no hay nada más bonito que sentir que estamos cerca, aunque sea sin poder sentirnos piel con piel.

Te mando un abrazo inmenso lleno de amor y luz.

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