Mírate las manos. Obsérvalas con amor. Piensa en los momentos que has acariciado otra piel, o la tuya. Siente de nuevo esas cosquillas al rozar con la yema de los dedos. El frío, el calor. Míralas bien, más allá de sus movimientos, de sus huesos.
Hoy el reto literario que te lanzo es que escribas la historia que hay detrás de tus manos. Busca dentro de ti, remueve y proyéctalo. Puedes compartir tu relato en Instagram usando el hastag #mimandomicreatividad o si prefieres, me puedes confiar por correo tu secreto, esa historia que busca nacer a la luz de las letras.

¿Qué dicen mis manos?
Suena esa canción que me humedece los ojos solo con un par de acordes. Mis manos llevan su propia melodía con el teclado. Las miro, las siento. Y una cascada de recuerdos siguen formando una bola de agua que acabará huyendo por mis ojos. Pienso en nuestra canción, esa que te decía que está sonando. Me confirma que exististe pero que el privilegio de tocarte se me ha escapado.
Mis manos guardan los besos que me diste. Las veces que me levantaste y me limpiaste la tierra de las mejillas. Las que me abriste las alas en un columpio amarillo. Me encantaba ese vaivén suave y sin prisa, un oasis perdido. ¡Cómo resonaban tus carcajadas! Me sentía querida y libre. Todavía recuerdo tus historias, esas que me enseñaron a amar escribiendo.
Sé que se nos quedaron algunas promesas pendientes que todavía arrastro. La historia que te dije que contaría, el vestido blanco, tus manos guiando las mías. Las vuelvo a mirar y mis manos me sonríen porque parte de la sangre que les hace ser así de mágicas también fue tuya, mi querido abuelo.
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Si me tuviera que describir con una sola palabra sería intensidad.
Alguna que otra vez he tenido que escuchar que es la peor cualidad que se puede tener porque no hay equilibrio emocional.
A mi parecer, es hermoso poder vivir con una ilusión brutal cada etapa y momento de mi día a día.
Es cierto que hay días malos, y quien no los tenga que me cuente su secreto y ya de paso el de cómo conseguir ...