
Le gustaban las rosas blancas. Las había visto crecer desde que era una niña en el jardín de su abuela Rosario. Cuando las primeras rosas brotaban y se desperezaban del capullo, Rosario las acariciaba antes de cortar con cuidado una de ellas. Siempre se la daba a Blanca, su nieta, y le contaba la historia de que su nombre también había nacido en aquel pedazo de paraíso.
A pesar de sus 25 años, Blanca seguía admirando la suavidad de cada rosa. Le devolvían las caricias que su abuela había ido encerrando durante años en aquella casa de campo perdida en las montañas del sur. Ahora ella se encontraba demasiado lejos con un océano de por medio pero el impacto de esa perfumada imagen le hacía flotar.
Una mañana antes de ir al gélido bufete para el que trabajaba, recibió un paquete. Era un pequeño esqueje acompañado por una nota con una caligrafía adornada.
“Siempre será tuyo”.
Blanca no entendía nada. No había remitente ni ningún otro objeto que aclarara su procedencia. Lo único que le quedaba claro es que necesitaba plantar aquel trozo de vida.
Cuidó del esqueje hasta que se convirtió en rosal y con el primer brote blanco entendió que su abuela aunque se había marchado hacía años, de alguna manera le había hecho llegar parte de su magia. Porque los abuelos tienen ese poder, el de acunarnos incluso cuando su presencia física se marcha.
Dedicado a todas las abuelas y abuelos del mundo
En especial a los míos que consiguieron, y algunos de ellos todavía lo hacen, que mi infancia y el resto de mi vida esté llena de amor y recuerdos inolvidables.
Descubre más relatos aquí.
Si te gusta leer, algunas de mis reseñas te pueden ayudar a elegir tu próxima lectura.
Gracias por dejarme besarte con letras.

Antes de que los primeros rayos de sol iluminaran el dormitorio, Pièrre ya había preparado el desayuno de forma minuciosa. Era un hombre detallista pero esta vez quería que ese día fuera aún más espectacular.
Dejó un ramo de rosas blancas en el centro de la mesa, el mismo que llevaba trayendo a Carla semana tras semana durante los últimos veinte años. Cerró los ojos intentan ...
La huella de mis abuelos está muy presente de una forma u otra en mis textos. A veces mis manos le dan voz a vivencias que estaban escondidas. Otras son ilusiones que se forman a través de los lugares impregnados con su alma.
El relato que hoy quiero compartir contigo lo escribí hace como un año, mucho antes de plantearme compartir este espacio tan privado.
Este texto es especial po ...
2 comentarios
Muy enternecedor. Nos has hecho vibrar de emoción a mi nieta Alaia y a mí, que por cierto también me llamo Rosario, como tu abuela. Un saludo de Txaro.
Hola, Rosario 🙂 Muchas gracias por leerlo y compartir conmigo cómo te ha hecho sentir.