
A mi madre la asesinó una rosa. Cuando llamaron al timbre me ordenó que me encerrara en mi habitación. No le gustaba recibir visitas en mi presencia, decía que los niños copan toda la atención y ella necesitaba las tertulias de las cuatro para olvidarse de que vivíamos en un minúsculo pueblo del interior.
Estaba releyendo uno de mis libros favoritos antes de que el ruido estridente del timbre me hiciera levantar la vista. La luz que acariciaba la antigua butaca de la abuela me acunaba, sin embargo, no podía negarme a la sutil petición de mi madre. Sabía lo que ocurriría si la desobedecía.
Cuando cerré con cuidado la puerta de mi cuarto percibí una voz que no era familiar. Una voz gruesa, con un aplomo que incluso irradiaba miedo al que tenía la suerte de recibir sus palabras afiladas. También escuché a mamá. Parecía nerviosa, se diluían las palabras al final de la frase. Solo alcancé a distinguir un par de ellas: aquí tienes la rosa.
Después de dos horas de silencio me decidí a salir. Llamé a mi madre pero no me respondió. Otras veces me había dejado sin merendar pero esta vez no conseguía adivinar la razón. Me había encerrado y poco más tarde de escuchar las primeras sílabas de esa conversación de mayores, había puesto mis cascos a máxima potencia. Había sido un niño ejemplar esa tarde.
Recorrí la cocina y el salón pero fue al acercarme a la entrada de casa cuando vi un zapato de mamá. Me pareció raro porque ella es muy ordenada. Dice que se pone nerviosa si los objetos no están en su sitio. Me acerqué unos centímetros más y descubrí el cuerpo desparramado con una gran mancha roja decorando la solería. No grité ni salí corriendo, no podía dejar de mirar la rosa blanca que tenía clavada en el pecho.
Puedes encontrar otros relatos aquí.
Si te perdiste la reflexión del viernes sobre lo que aprendí en el evento de escritores Molpecon, échale un vistazo.
Gracias por dejarme besarte con letras.

Correr una media maratón va más allá de los 21.095 metros. Es aunar en unas horas una bomba de emociones. Porque cada uno de los que nos colocamos el dorsal y nos plantamos en el arco de salida llevamos una historia distinta detrás. Superación, esfuerzo, constancia, alegría son algunas de las medallas que todo corredor ya ha ganado incluso antes de empezar.
Para mí ...
Quiérete mucho y bien.[/caption]
Amor sin fin, qué bonito propósito, ¿verdad? El sábado tuve el placer de disfrutar de la obra de teatro musical Abandónate mucho: Bienvenidos a la coñocracia protagonizada por Las XL en el teatro municipal de mi pueblo, Órgiva. Me entusiasma ver que cada día se organizan más actividades culturales y ...
Estoy muy contenta con la acogida que ha tenido el relato anterior. Me hace muy feliz cuando alguno de vosotros me escribís para decirme lo que os ha hecho sentir alguno de mis relatos. Siempre se me dibuja una sonrisa enorme :)
En el post de hoy cambio el formato de cuento a breve a microcuento. Un pequeño aperitivo con el que empezar la semana riendo. A mí personalmente me pirra reír, y ...