La chica de al lado

se nos fue la vida

Las benditas casualidades obran los mejores milagros o quizás por fin tiré lo suficientemente fuerte como para que el hilo rojo te pusiera a mi lado.
Llevo meses sentándome cerca de tu perfume y no te imaginas lo mucho que me gusta ver como siempre llevas dibujada una sonrisa. Incluso en las tardes que te he visto derramar alguna lágrima.
Me maldigo por no habértelas secado, pero el miedo me ancló a la silla. ¿Y si era demasiado mi atrevimiento?
Me embelesa ver como siempre llevas un libro de la mano. Cualquier lugar es perfecto para crear tu propio universo. Esa energía tan especial que transmites me atrae.
Un café, una conversación de las que te ponen todo patas arriba. Ser el motivo de tu risa, de tu alegría. No sé cómo acercarme a ti, me impones tanto…
Sí, tú.
Te he escuchado alguna vez que te sientes pequeña y sola, incapaz de encontrar el amor. Ese que te coge de golpe y te encoge el estómago. El amor que te hace volar. El que humedece los labios y sonroja las mejillas.
No sabes es que soy el hombre de tu vida pero tú ya eres la mujer de la mía.
Te prometo que te voy a hacer tan feliz que ni los sueños podrán hacer sombra a la realidad. No dejaré que la niña que habita en ti se pierda convirtiéndote en otra persona mecánica más.
Te prometo descubrir el mundo contigo. Empacharnos de experiencias hasta hacernos explotar. No habrá días vacíos y que por muy dura que sea la tormenta yo siempre te protegeré del frío.

A cambio solo te pido una cosa. Deja que mis labios sellen todas mis promesas, que te muestren el sabor de las palabras que grita a borbotones mi corazón. Hagamos del amor nuestra danza.

Simplemente, déjame convertirme en tu más bella casualidad.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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