Behobia: Cuando crees que no eres capaz

Creer en ti siempre es la mejor opción

Escribo desde la cama porque las agujetas de ayer en la Behobia no me dejan ni sentarme. Los 20 kilómetros de esta carrera son una vida misma. El torbellino de emociones, lágrimas y dudas quiero compartirlo porque si yo pude cumplir un reto vosotras también.

Cómo empezó la locura de mi Behobia

Hace unos años quise correr la Behobia pero me quedé sin dorsal. Ahora tengo claro que no era el momento. Este verano paseando por Madrid Río le dije a Loren «sería la caña correr la Behobia». Como a nosotros nos va la marcha y los impulsos, en ese mismo instante nos inscribimos en la prueba.

¡Menuda carrera!

Volvimos a empezar a correr. Habíamos perdido el hábito al pasar un mes en Indonesia y mudarnos nada más llegar a Madrid. El calor a mí me sienta fatal, tanto que a veces no soy capaz ni de hacer tres kilómetros seguidos. Me debilita muchísimo. Nosotros seguíamos intentándolo y justo tuvimos el placer de conocer a los Instarunners de Madrid. ¡Lujazo de grupo!

Con ellos no había excusas para saltarse el entrenamiento aunque fuera por no quedar mal 😉 Y así poco a poco volvimos a coger fondo hasta que llegó septiembre…

Septiembre fue la locura personificada en nuestras vidas

Por temas personales decidimos mudarnos de la noche a la mañana a mi pueblo en La Alpujarra. La cosa no quedaba ahí. Había que reformar la casa donde vivimos y seguir subiendo dos veces a la semana a Madrid por trabajo. Al final había que sacar algo de la ecuación porque no podía más. Literalmente no tenía fuerzas y mi cuerpo lo estaba empezando a pagar así que, efectivamente, lo que eliminamos fue correr.

Cada día que pasaba sin correr me sentía culpable y veía como la fecha de la Behobia se acercaba. Es más, de ahí hasta la Behobia creo que habremos entrenado como 5 o 6 veces como mucho… Sí, una temeridad.

Miedo, mucho miedo

Después de no haber entrenado prácticamente nada estaba cagada de miedo pero tampoco quería no intentarlo. Ese propio miedo hizo que estudiara el perfil al completo de la carrera –cosa que nunca antes había hecho–, revisara el tiempo veinte veces y me aprendiera hasta los puntos donde se podía abandonar…

No dejaba de pensar que si había conseguido terminar tres medias maratones y dos carreras de 19 km en plena primavera con las cuestas que hay en mi pueblo podría acabar la Behobia. Cuando nos inscribimos la idea era hacerla en 2 horas. Cuando vimos el panorama que teníamos el objetivo fue más sencillo: modo disfrutón.

Para colmo la noche previa tuve una intoxicación involuntaria de gluten y se me adelantó la regla. ¿Qué más podía pedir? Me levanté encontrándome fatal y con el estómago muy revuelto. Miré a mi compañero de aventuras y a los amigos que nos habían acompañado y dije «no les puedo fallar». Me calcé las zapatillas y al tren que nos fuimos.

Behobia, la mejor carrera de mi vida

Quién me iba a decir a mí que teniéndolo todo en contra en un primer momento la Behobia iba a ser la mejor carrera de mi vida. Eso no lo sabía en el arco de salida y los nervios y las ganas de llorar de la emoción eran más que evidentes. El ambiente era una auténtica pasada. Miles de voces gritando bajo la tímida lluvia, brutal.

behobia

¡Arranca la carrera! Nosotros íbamos sin reloj porque nos lo habíamos olvidado en casa… pero sí que llevamos la app de Nike no por tener controlado el tiempo, sino por registrar la carrera.

Cuando empecé a correr todo ese miedo se convirtió en felicidad. Mi cuerpo respondía y no podía dejar de sonreír. No he corrido nunca sonriendo tanto. Fue mágico. Los aplausos de la gente desconocida, los niños con sus manos para chocar, la música y un paisaje increíble me dieron un subidón tremendo.

Mi compañero de aventuras iba callado, más de lo habitual. Yo no dejaba de cantarle, decirle que mirase el paisaje, la gente y le iba contando dónde estaban los puntos jodidos. Hubo un momento que ni él recuerda que me dijo que no le hablase. Iba tocado. Yo tenía energía por los dos así que por primera vez iba a ser yo quien tirase.

Pasaban los kilómetros, las cuestas y a mí no me pesaba nada. Íbamos a un ritmo muy cómodo, alrededor de 6:30, y me sentía pletórica, tan inmensamente feliz que en algún punto me costó no comenzar a llorar.

Me acordé de muchísima gente mientras corría. Sentí su calor y sus ánimos. Esa era mi carrera. Estoy convencida de que hubo dos factores clave. Uno, que me daba igual el tiempo. No tenía expectativa alguna por la carrera porque llegaba con todo en contra así que hiciera lo que hiciera me valía. Y el segundo, el frío.

Cuando corro con frío tengo un chute de energía extra. Mi cuerpo se queda siempre a la misma temperatura, fresco. Apenas sudo y bebo agua para mantenerme bien no porque me sienta que no puedo con la vida. Esas sensaciones tan positivas me dan alas en la cabeza y cuando empiezan a doler las piernas mi cabeza tira con muchísima fuerza.

Solo la cuesta del kilómetro 16 al 17 se me hizo un poquito larga. Una vez superada una sonrisa todavía más grande. Solo había parado en los puestos de beber agua porque no sé beber en vaso y correr, para lo demás no me había hecho falta y mi cuerpo no lo quería.

Él lo pasó realmente mal con la rodilla del 18 al 20. Lo vi sufrir como nunca y saqué fuerzas por los dos. No dejé de animarle en ninguno de esos metros. No me callaba y cuando él se paró y me dijo «sigue tú» mi respuesta fue clara «somos un equipo, llegamos juntos».

Tiré con todas mis fuerzas de él como tantas veces él había hecho por mí. En la última curva empezamos a ver el mar, ¡qué momento! «Amor, mira, el mar». Ya me he puesto a llorar otra vez… y eso que ahora solo lo estoy escribiendo. Han sido tantas emociones, tanta lucha.

Encaminamos la recta. La gente, al ver su dorsal, no dejaba de gritarle «Vamos». Yo iba con una sonrisa de oreja a oreja, nos quedaban 500 metros y la Behobia sería nuestra. A falta de 200 metros nos dimos la mano y no nos soltamos. Juntos cruzamos la meta porque juntos somos más fuertes.

Correr la Behobia ha sido un regalo y me ha vuelto a recordar muchas cosas.

    1. Soy más fuerte de lo que a veces pienso.
    2. En los peores momentos me crezco.
    3. Amo correr y lo estaba olvidando.
    4. El frío es mi gran aliado.
    5. Correr en sí mismo es un regalo.

Esta carrera se la dedico a todas las mujeres que luchan cada día con una sonrisa enorme por muy jodidas que sean sus circunstancias. Lo bonito de la vida no es no tener problemas, sino saber cómo sacar una sonrisa sincera cuando lo más fácil sería llorar. Esta carrera va por ti, Mónica.

Gracias por dejarme besarte con letras. Espero que a ti también te pirre la vida 😉

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4 comentarios

  1. Y cuando visteis el mar…yo también lloré…me emocionan tus vivencias como si fuesen mías. Estoy deseando leerte más, eres una artistaza!

  2. Gracias preciosa, ¡cuántos ánimos me das siempre! Eres una fuente de energía positiva. Cómo me gustaría tenerte más cerca 🙂

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