«Dejar de verse con el alma para verse con los ojos»
El libro De los amores negados de Ángela Becerra cayó en mis manos por casualidad. Ha llegado a convertirse en uno de los libros que más me ha transmitido en los últimos meses.
Cuando una compañera de trabajo me dijo «Bea, hay un libro que tienes que leer. Me recuerda mucho a cómo transmites tú las cosas. Sé que vas a saber apreciarlo» no se equivocaba.
Ángela te introduce de una forma suave y sutil en un recorrido fascinante y muy intenso por las emociones que toda persona siente a lo largo de su vida.
Los distintos amores
Es un viaje pausado, sin prisa por llegar al final. Lo importante es el propio trayecto para descubrir el verdadero sentido de la vida de cada uno de los protagonistas.
Incluso de ti mismo porque Ángela con la historia de Fiamma y Martin en la cambiante Garmendia del Viento consigue hacerte partícipe desde las primeras líneas.
La falta de comunicación entre los protagonistas, un amor aparentemente gastado de no cuidarlo, de caer cada día en la misma rutina acaba siendo una búsqueda interior del yo más primario. De dónde vengo y hacía dónde voy, quién soy realmente.
Una historia salpicada por la infidelidad no solo física sino moral que acaba con un final exhausto.
Es un libro para leer con calma saboreando cada instante, sintiendo cada frase a fuego lento hasta que de una forma u otra te atrapa en la magia de sus líneas.
Porque como cuenta De los amores negados «Tanta gente que se ve tan llena y en cambio está tan vacía».
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Gracias por dejarme besarte con letras.


Antes de que los primeros rayos de sol iluminaran el dormitorio, Pièrre ya había preparado el desayuno de forma minuciosa. Era un hombre detallista pero esta vez quería que ese día fuera aún más espectacular.
Dejó un ramo de rosas blancas en el centro de la mesa, el mismo que llevaba trayendo a Carla semana tras semana durante los últimos veinte años. Cerró los ojos intentan ...
La casa 29 vuela a mi mente mientras cierro los ojos y respiro profundamente.
El abuelo acaba de dar el último brochazo y la fachada reluce blanca como la espuma que hacen las olas al romper en la orilla. Los marcos de las ventanas y la puerta un azul intenso como el de sus ojos. Unas caracolas que cogimos el verano anterior dan la bienvenida al que cruza el umbral.
Me siento a salvo.
Despierto de la ...