Esta noche se ha celebrado la gala virtual de los Premios 20 Blogs en la que era finalista a mejor blog literario. Y la verdad, no estaba tan nerviosa como me imaginaba. Supongo que me hayan operado de la muela del juicio la misma mañana que se celebraba la entrega ha ayudado bastante.
Tengo pánico a los dentistas, nivel empiezo a hiperventilar hasta terminar tiritando y mareada. Tenía los premios en la cabeza, es lógico, pero la mayor parte de mi atención estaba puesta en esa consulta del demonio.
Menos mal que todo ha ido mejor de lo que pensaba, las otras dos muelas con otros dentistas fue la peor de las torturas. Así que aunque la gala era virtual y mi cena solo podía ser puré, yo estaba con mis morros pintados de rosa para disfrutar de un momentazo como este.
La odisea del champán
El señor Loren había comprado champán del bueno, de ese que vale una pasta y que, como esa vajilla que hay en muchas casas, solo se abre en Navidad.
Nosotros somos muy de celebrar, eso sí no con ese champán porque entonces adiós sueldo. Pero cualquier motivo nos parece perfecto para brindar aunque sea con café. Porque la vida es maravillosa y muy perra también.
Y yo prefiero decirle al Universo, por si en algún momento eso influye, «sigue mandándome de esto tan rico que por aquí vamos bien».
Total, que el pobre todo orgulloso con la botella bien fresquita para esta noche especial. Yo empiezo a reírme y a sujetarme la cara para que no me duela tanto con las vibraciones de las carcajadas.
—¿Te has dado cuenta que estoy con antibióticos y no puedo beber? —su cara un poema— No pasa nada, la semana que viene inventamos algo para celebrar y encima compramos fresas que dicen que maridan genial.
Y así de pancha me he sentado en el sofá a ver si pasaba de finalista a ganadora.
El apagón imperfecto
Pepa, una de nuestras perras, no dejaba de llorar porque quería que jugásemos con la pelota en vez de estar sentados en el sofá esperando que la pantalla dejase de estar morada y se pusiese a actuar.
Ahí sí que me habían llegado los nervios y las ganas de llorar. Sí, de felicidad. Me parecía un regalazo poder ver mi blog como finalista de uno de los concursos más importantes de habla hispana y claro, a mí me pueden las emociones.
Menos mal que del rímel me había olvidado porque los ojitos, un poquito, se han mojado.
El móvil echando humo con el grupo de mis amigos los japoneses, mi familia y algunas conversaciones más. Vimos la entrega de la primera categoría y pufff se pinchó el globo.
En ese momento tuve la certeza de que no iba a ganar. La videollamada de después de decir el ganador me pareció muy preparada y dije, a mí nadie me ha avisado de nada.
Fue el único instante en el que me invadió la pena, pero no por no ganar, sino por quedarme sin la magia hasta el final. Y ya para remate, el wifi dijo que ya no quería participar.
No tuvo otro momento para caerse que en la entrega de mi categoría, no había días para fallar… Es lo que tiene vivir en mitad del campo, no escuchamos a nadie pero a cambio contamos con wifi bananero de última calidad.
Miré el móvil mientras el señor Loren intentaba solucionarlo, cuando mi familia ya había puesto el ganador por el grupo de whatsapp.

Me quedo como finalista
Ese punto del wifi también me jodió un poquito porque junto con la pinchada de globo del principio, me quedé sin esa energía de misterio, de ver el blog en la pantalla hasta el final.
Menos mal que hay otra magia con los vídeos de YouTube, la de volver a atrás.
Así que pusimos de nuevo el vídeo y al fin vi este espacio que tanto quiero, al otro lado 🙂
Felicidades desde aquí a El quinto libro, los ganadores al mejor blog literario.
Yo me siento muy muy orgullosa de ser finalista, de recibir este reconocimiento externo porque el amor y el esfuerzo que hay detrás de estás letras lo siento cada día.
Esta experiencia, incluida su anécdota para recordar, es una muy bonita que como diría mi invitada de mañana en el podcast, Pilar Sánchez Vicente, la voy a embotellar.
Gracias por dedicar tu tiempo a leerme, me hace inmensamente feliz saber que estas historias viajan hasta ti.
Por cierto, si no sabes cómo empezó esta historia de finalista de los Premios 20 Blogs, te la cuento aquí. También tiene que ver con una consulta médica.
Te envío un abrazo gigante lleno de amor y luz.

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Editorial: Debolsillo
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