
Son las cinco de la mañana, no puedo dormir más. Las voces resuenan en mi cabeza, creo que va a estallar o peor aún, me la acabaré arrancando. Se ha escuchado un ruido en la casa del vecino, siempre igual. Algún día tendré que dejarle las cosas claras, están prohibidos los ruidos, y mucho más los gemidos.
¿Quién se cree para follar de madrugada?
El dolor de cabeza se está traspasando al resto de miembros de mi cuerpo, necesito levantarme, hormigas recorren mis piernas. No puedo más.
Al subir las persianas el chirrido traspasa todas las compuertas y llega directo a mi cerebro. Tengo que acabar también con ellas. La luz amarillenta de las farolas tan solo ilumina un metro formando un círculo casi perfecto. Algo está obstaculizando que la circunferencia me calme.
¿Hay alguien ahí?
Creo que he visto unos ojos rojos ardiendo de rabia, los mismos que me seguían ayer por el parque y los mismos que me han provocado pesadillas toda la noche. Bueno, noche. Si a esto se le puede llamar dormir aunque las pesadillas han dejado de formar parte del trance rem y han cobrado vida, seguro.
¿Quién será el desconocido? ¿Qué quiere de mí?
Voy a bajar, no soporto ni un minuto más ese color que me mira como si pudiera adivinar por qué mi perro ha dejado de ladrar.
El poder de las voces
Esta historia guarda varios secretos en a penas unas cuantas líneas. ¿Qué crees que ha pasado realmente? ¿Por qué le atormentan las voces de su cabeza?
Estoy deseando conocer tu opinión y qué emociones te ha suscitado este pequeño relato 🙂
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Gracias por dejarme besarte con letras.

Antes de que los primeros rayos de sol iluminaran el dormitorio, Pièrre ya había preparado el desayuno de forma minuciosa. Era un hombre detallista pero esta vez quería que ese día fuera aún más espectacular.
Dejó un ramo de rosas blancas en el centro de la mesa, el mismo que llevaba trayendo a Carla semana tras semana durante los últimos veinte años. Cerró los ojos intentan ...