Cómo potenciar las descripciones de un relato

Un relato no solo es una historia que nos enseña una serie de acontecimientos y está adornado de forma bonita para que nos entretenga. También puede ser una herramienta muy potente para analizar y descargar nuestras emociones. Es decir, podemos utilizarlo como un ejercicio de escritura emocional o como mero entretenimiento.

Hace unos meses, compartí cuáles son los ingredientes básicos de un relato y los tipos de personajes que nos ayudan a darle sabor a la historia.

Hoy vamos a poner el foco en cómo potenciar las descripciones tanto emocionales como físicas para que dejamos de hacer listas de la compra y comencemos a traspasar las letras.

Vital, sin emoción no hay recuerdo y sin recuerdos, las historias se olvidan.

¿Café y libreta listos?

Cómo potenciar las descripciones de un relato

Cuando queremos narrar una historia, muchas veces nos han contado que hay que describir cómo es ese lugar. Pero, ¿todo vale para describirlo?

Ya te digo que no.

Podemos añadir cientos de páginas de morralla, sobre todo si se trata de una novela, y que esa descripción no nos diga nada. Es una pena añadir esos detalles vacíos porque lo único que conseguimos es cansar a los lectores.

Yo me he llegado hasta a enfadar. Vale, sé que ya es pasarse pero cuando veo que introducen personajes o lugares que no aportan absolutamente nada a la historia, pienso que el único objetivo que tenía el escritor para introducirlos era enseñarme como un pavo real de todo lo que es capaz.

Y ay, amiga. Pavonearse sin ton ni son es lo peor que podemos hacer si queremos que nuestras historias conquisten corazones.

Utiliza el mínimo de palabras que describan lo máximo

Para introducirte en la escena de un relato, puedo decirte que los personajes estuvieron bebiendo toda la noche, que acabaron con todas las botellas que había en la casa y que además, pidieron a un mensajero que les trajera más.

¿Te produce alguna sensación? Seguramente no.

Sin embargo, sin en vez de usar tres o cuatro frases solo digo «había nueve botellas de ron y dos litronas esparcidas sobre la mesa» tú misma puedes recomponer los huecos de la historia y sacar la conclusión de que la fiesta se les fue de las manos.

Ese mismo detalle lo he usado en el último episodio del podcast. En vez de decir que su hermana le había escrito muchísimas cartas, especifiqué que había 135 cartas que les separaban.

Es mucho más directo y potente.

Lo mismo ocurre si queremos usar el relato como un ejercicio de escritura emocional. ¿Qué es más profundo? «Estoy mal, no sé qué me ocurre, todo el mundo me infravalora» o «siento una soga que ciñe mi cuello cada vez que el desprecio acaricia tu boca».

Introduce todos los sentidos, no solo la vista

Uno de los sentidos que más abundan en los relatos es el de la vista. No sé a ti, pero creo que hay otros sentidos mucho más potentes para asentar una descripción como por ejemplo el olfato y el gusto. 

Vamos a verlo con un ejemplo.

Era una mañana fría. Brillaba un sol apagado que apenas calentaba los huesos. La casa era un caos de ropa y comida podrida. No quedaba espacio para la esperanza ni el amor.

Era una mañana fría. El olor ácido de los restos de comida se entremezclaba con el sudor blanquecino que cubría la ropa. Una saliva chiclosa y con un regusto a vómito, yacía sobre la comisura de mis labios.

¿Qué ejemplo te produce más sensaciones?

Cuando introducimos aspectos como el olor, el sabor o los sonidos; la escena deja de tener un único plano para tornarse en realidad. Nuestro cerebro está programado para que los recuerdos que adherimos sin ser conscientes a esos sentidos, acudan cuando menos lo esperamos.

Por eso para mí el olor a café recién hecho es sinónimo de hogar y calma. Como para ti puede ser de prisa y despertar.

Cada lector introduce sus experiencias dotando al relato de más intensidad, lo convierten en propio. De ahí que cada una recordemos unos aspectos de las historias y no otros. Nuestras sensaciones no son las mismas si hemos jugado más allá de lo que vemos a través del cristal.

Juega con los silencios

No hay nada más aburrido que un escritor entregue un relato demasiado mascado.

Dar demasiadas explicaciones es peor que quedarse corto. Hacemos sentir a la persona que tiene la historia entre manos como un bebé, alguien que necesita que no le dejen ni un trocito sin pasar porque parece que sino, no es capaz de gestionarlo sola.

La magia de los silencios bien usados es activar la imaginación de lector.

Es cierto que a veces necesitamos dar muchas explicaciones para contextualizar y preparar la historia. Sin embargo, ese trabajo solo es relevante para quien la escribe. Una vez esté lista, mete la tijera y aligera el peso.

La teoría del iceberg postulada por Ernest Hemingway hacía hincapié en que menos es más y que debemos contar más entrelíneas que de forma directa. Los lectores son más listos de lo que creemos.

Esta teoría la podemos llevar incluso a nuestra vida cotidiana. ¿Cuántas veces una amiga ha empezado a contarte una historia introduciendo detalles que no llevan a nada? Seguro que más de una y dos veces. Y cuando le pides que vaya al grano te dice que es que te tiene que poner en situación.

Error.

En realidad la que se estaba poniendo en situación es ella. Con los detalles justos, se impacta más.

De esto mismo habla Stephen King en su libro Mientras escribo. Te dejo la reseña que hice sobre él.

Haz experimentos con el relato

Si te da miedo pensar que te estás quedando corta o incluso que la historia pierde fuerza; crea experimentos. Suelta sobre el papel toda la información que necesites para contextualizar a los personajes, el entorno, las emociones, etc.

Una vez no te quede nada dentro, empieza a eliminar información. Vuelve a leer la historia, incluso pásasela a alguien de confianza, y comprueba si ese empuje inicial se sigue manteniendo.

Intenta quitar más grueso de las descripciones y busca sinónimos que estén cargados de significado. 

Mantén este ejercicio hasta que sientas que no hay forma de acuchillar más la historia. Ahí tendrás su fuerza.

Este mismo experimento lo puedes realizar al contrario. Escribe lo mínimo y ve añadiendo detalles. Cuando alcances un punto en el que lo que cuentas no aporta, es el instante de dejar de escribir tu relato.

¿Te parecen útiles estos pequeños trucos?

Te leo en comentarios.

Amor y luz ?

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